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EL
PAIS; Montevideo, 2/7/03
por Hernán Sorhuet Gelós
La
fortaleza de una sociedad que camina hacia la sostenibilidad
está en la suma de múltiples acciones, sean éstas grandes o pequeñas. OPERACIÓN TORTUGA
Aún hoy muchas personas se preguntan por qué es
importante trabajar a favor de la conservación de las especies, habiendo
tantos problemas graves sin resolver. En realidad ello ocurre porque subsiste
mucha desinformación en materia de formación ambiental. No se trata de temas
desconectados. Por el contrario, cada vez queda más claro que la estructura y
el funcionamiento de la biosfera es un todo y como tal, sus partes
interactúan de manera compleja e imperceptible. Nada es estático ni casual.
El problema es la enorme capacidad desarrollada por la sociedad para incidir
en el gigantesco sistema, del cual ella también forma parte. Como vemos, el
desarrollo del conocimiento científico/tecnológico se ha transformado en una
de las herramientas fundamentales para el futuro de la gente. Resulta tan
importante aplicar el principio precautorio a la hora de liberar transgénicos, como con relación a la reducción de las
emisiones de gases de invernadero, al cuidado de las fuentes de agua dulce o
a la protección de las especies silvestres. No existe desarrollo sin
conservación. También es cierto la esencialidad de los pequeños pasos que se
deben dar. No es menos importante la conducta de cada uno de nosotros a favor
del ambiente, que las precauciones adoptadas por una gran empresa. Si bien
los resultados cuantitativos son muy dispares, la fortaleza de todo el
sistema está en el compromiso general. Debemos acostumbrarnos a que todo lo
que es correcto debe hacerse, sin buscar excusas por la vía de las
prioridades. Veamos un ejemplo puntual y poco conocido. Desde hace varios
años un grupo de uruguayos y uruguayas decidieron trabajar a favor de la
conservación de las tortugas marinas. Para una sociedad que se ha desarrollo
casi a espaldas del mar, puede sonar bastante exótico. Sin embargo, el
Proyecto Karumbé centra sus actividades en la protección de una parte del
patrimonio nacional en diversidad biológica, consciente de que es un simple
eslabón de una larga cadena que sostiene la vida, el desarrollo y la
producción de nuestro país. En todo el planeta solo existen siete especies de
tortugas marinas. De ellas cuatro forman parte de la fauna nativa de Uruguay.
La tortuga siete quillas (Dermochelys coriacea), la tortuga cabezona o falsa carey (Caretta caretta),
la tortuga verde (Chelonia mydas)
están incluidas en el listado oficial (Decreto Nº 565/981). Pero, aunque en
muy raras ocasiones, también ha llegado a nuestras costas la tortuga olivácea
(Lepidochelys olivacea).
Aunque hay logrado sobrevivir por 100 millones de años a todos los cambios y
cataclismos ocurridos en el planeta, hoy corren peligro de extinción por
culpa de la depredación del hombre. Todo se vende, su carne, huevos, piel y caparachos. Se usan para la alimentación, decoración,
recuerdos para turistas, medicinas tradicionales y ceremonias religiosas.
Pero la caza intencional o accidental no es su único enemigo. También la
contaminación y la destrucción de sus hábitat hoy acorralan a éstas y otras
muchas especies más de seres vivos, comprometiendo la salud general de los ecosistemas,
y destruyendo un recurso que en todo caso, podría ser sostenible. Karumbé
viene realizando un trabajo de sensibilización constante y positivo. Ha
cuantificado el estado actual del comercio ilícito de productos de tortugas
marinas en Uruguay, generalmente representado por la venta de caparazones y
carne para restoranes, en varios puntos de la costa uruguaya. En coordinación
con las autoridades ha logrado varios decomisos. Pero lo más importante es la
tarea informativa que lleva a cabo hacia la sociedad. Se trata de especies
totalmente protegidas, por lo que no admiten ningún tipo de comercio. Si
todos adherimos a ello, el problema desaparecerá. |
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